El Estrecho de Vioño

13.04.2018

Cuarto día del campamento de semana santa de los pioneros

Lunes, día 26 de marzo de 2018. No hacía ni dos horas que la luz del sol

había empezado a asomarse tímidamente por la cresta de las montañas

del norte de España.

Los habitantes de Vioño aún disfrutaban de su profundo sueño, mientras

que, en lo alto de una colina del pueblo, asentados en el templo del

mismo, un grupo de pioneros estaba a punto de ser despertado por los

gritos de un pequeño tumulto de espartanos dispuestos a guiar a la

unidad durante la travesía de ese día.

Cuando ya estaban todos despiertos, bien alimentados y preparados para

partir, los espartanos advirtieron a los pioneros del peligro que correrían

en el camino de ese día con el destino en el Estrecho de las Termópilas,

con el fin de pillar por sorpresa al ejército de Jerjes I, emperador de Persia,

y archienemigo de los espartanos.

Tras una charla motivadora y un par de gritos de guerra, el ejército se

dispuso a abandonar el pueblo. Llevadas ya un par de horas caminando,

uno de los exploradores del grupo divisó un cartel con el nombre del

pueblo al que estaban llegando: Vioño. Fue entonces cuando se dieron

cuenta de que uno de sus guías era un infiltrado persa que les había

guiado por el camino incorrecto, por lo que fue ejecutado.

Retomado el camino haca las Termópilas, anduvieron durante incansables

horas hasta llegar al estrecho, donde la lluvia torrencial del día anterior les

había dejado un lodazal de arenas movedizas que tardaron en cruzar.

Muchos cayeron en ese inmundo lugar y por si fuera poco, un monstruo

metálico de cuatro ruedas y de proporciones abismales cruzó el estrecho

arrojando a varios de los guerreros al fango.

Una tarde de celebraciones y batallas de gladiadores sucedió tras estos

acontecimientos, y cuando la luz se iba en el pueblo de Escobedo, al que

habían llegado al alba, cenaron un banquete en honor a los caídos y

cerraron sus ojos disponiéndose a dormir, o por lo menos intentarlo.

David Iglesias